
Estoy en una camioneta, sentada al volante una
señora de pelo rubio, corto y con rulos, se nota que de joven debió ser muy
guapa.
No sé qué hago en esta camioneta, sé que es
negra y que se dirige a un sector de casas campestres y acomodadas, en el
asiento de atrás va sentado mi primo, el guatón que ahora esta flaco luego de
sus constantes idas al gimnasio.
Se detiene el auto y nos cubre la nube de polvo
que veníamos arrastrando por el camino de piedras y tierra.
Entrando a su casa, la señora me entrega un
envase de condones, me dice que la fiesta empezará en unos minutos y se pierde
en la oscuridad lanzando una risa coqueta.
De una pieza sale otra mujer, avanzada en edad, esta es morocha, su entrañable amiga, de pelo corto y más nutrido en rulos, pienso “No debió ser tan guapa cuando joven”. Son un par de viejas muy gentiles que se están dando su segundo respiro de locura que extrañaban desde su juventud. La morocha arrugada se abalanza sobre mi primo y ambos se pierden por el pasillo riendo…
Me quedo solo, bajo dos peldaños y me siento en
un sillón beige con motivos heráldicos de escudos y plantas. Comienzo a mirar
la casa, su decoración (no tengo que mas hacer), cosas antiguas de leñador o
cazador y otras zonas más modernas supongo aconsejadas por la hija de la rubia.
La noche comienza a caer con la espera y la incógnita
de “que hago aquí”, asumo que es un sueño y permanezco esperando lo que vendrá.
Inicia la llegada de invitados que entran a la
casa con la confianza de antes haber estado aquí. Gente de todos colores, mujeres
con perfumes que de apoco comienzan a transpirar, de pronto me veo sumergido
entre copas, brillo, baile y personas que se me presentan amablemente, como si
yo fuera la nueva presa de esta señora de alta alcurnia. Un tipo de negro, polera
ajustada, cinturón blanco al igual que sus zapatos y un peinado a la gomina me conversa,
de entradita por sus gestos afeminados comprendo que es el confesionario de la
fiesta, ya que lo acompaña un sequito de mujeres que le otorgan una confianza
que solo se le entrega a quien sabe si hoy se depilaron y con quien se
acostaron engañando a su marido en la semana.
Me dice “oye Rose Marie me dijo que tu eres
diseñador, yo soy diseñador de vestuario, tenemos algo en común y se larga
cacareando…
No me explico por qué el envase de condones que
me entrego mi secuestradora cuesta tanto abrir, intento hasta con los dientes,
mientras el par de gatas menean sus colas, la luz permanece encendida más de lo
que quisiera pero no me voy a quejar…



Una noche movida..pero como te vas a quejar..seguro que te atendieron estupendamente..lo que me llama la atención..es que no se ven muy contentos tus amigos...un abrazo.
Los de la foto??? jajajajaj
si estan bien serios, quizas les cayo mal el aperitivo jejejeje
Hola te queria decir k esta linda tu historia pero hubiera mas sexo...en la imagen...pz me hubiera gustado un monton pero ..tienes mi voto